Más del 90 % de la lana producida en España no encuentra mercado o se vende a precios no competitivos. Y todo esto cuando la lana merina, quizás la más popular del mundo, procede de una raza nuestra. Productores, diseñadores y agentes prescriptores trabajan juntos para revitalizar un material que lleva miles de años con nosotros.

@ Cortesía de Regina Dejiménez
Por Beatriz González
17 de febrero de 2025
Por qué salvar el oro blanco español: la lana se muere cuando el mundo grita sostenibilidad
Pena de muerte. Si sacabas una oveja merina fuera de España, hasta el siglo XVIII, no vivías para contarlo. Tan valiosa era la lana entonces. Era el oro blanco. Desde principios del siglo XX, la aparición de otros tejidos fue en detrimento de la producción de lana, un trabajo artesano y laborioso que parte de la esquilada anual de la oveja entre los meses de marzo y junio, y continúa con el lavado de la fibra y la fabricación de los hilos para tejer.
Ramón Cobo, de Wool4Life, sabe de lo que hablamos: su familia lleva décadas produciendo hilos de lana, sobreviviendo a las oleadas y crisis económicas, y manteniendo viva una tradición en medio del asalto del nylon o el poliéster, que cambian a la oveja por el petróleo. Ahí es nada. “Para mí el diseño es la única forma que tenemos de luchar y para contar nuestra historia”, dice Cobo a AD, visiblemente emocionado: “es el final de un proceso largo, profundo y verdadero”, añade.


La lana es una fibra biodegradable que no contamina y que regenera ecosistemas. «Como este lugar en el que estamos no queda nada en España: aquí veis a las ovejas pastando, pero también el tejido final en los telares. Y así lleva siendo desde hace cuatro generaciones”, cuenta Cobo, mostrando con su mano un paisaje rural que se extiende hasta el horizonte. Detrás de su figura, una nave industrial de proporciones descomunales que esconde uno de los tres únicos lavaderos de lana que quedan en España (en el siglo XX, teníamos hasta cien). Estamos en Mota del Cuervo, Cuenca, el mejor lugar posible para descubrir las nuevas posibilidades de un material que tiene mucho que decir en el mundo del diseño.
«La lana está muy cerca de morir como tejido. Y el diseño es fundamental en nuestra lucha: es el final de un proceso largo, profundo y verdadero”
Ramón Cobo, productor de lana
Como un William Morris de nuestro presente, Cobo y sus aliados en esta misión —los responsables del Madrid Design Festival 2025, Amazon y las diseñadoras Inés Sistiaga y Regina Dejiménez—, muestran en voz alta su preocupación por los efectos de la industrialización en el diseño y la vida cotidiana. ¿Objetivo? Abogar por una reactivación de la artesanía tradicional y una mejora en el diseño de objetos, domésticos, bellos, sostenibles y útiles.


Los creativos, indispensables para mantener vivas tradiciones y mirar hacia el futuro En términos globales, la lana representa menos del 1 % de las fibras utilizadas en el sector textil, en comparación con el 70 % que ocupan las fibras sintéticas —el 90 % de la lana española se desaprovecha, generando pérdidas económicas. Pero el precio de una manta de poliéster, dicen desde Wool4Life, no refleja el daño que hace al medio ambiente.
“La lana ha sido oro en un momento dado de la historia y ahora tiene la denominación de residuo, porque la historia nos ha hecho derivar nuestro interés hacia el poliéster, que genera guerras y contaminación. Porque prevalece el consumo de prendas y objetos baratos, que no necesiten casi mantenimiento, aunque se conviertan en residuo rápidamente”. Para la diseñadora textil Regina Dejiménez, creativos, diseñadores y artesanos son indispensables para mantener la cultura humana, la historia y la tradición que nos arraiga al hacer, al cuidado y al vínculo con los materiales y la tierra.
Su encuentro con la lana y los materiales naturales viene de siempre —su madre es diseñadora y tenía un taller textil. En 2024, ganó el Premio Nuevos Entornos Creativos impulsado por Amazon y Madrid Design Festival, en el que se premiaba a un estudio de diseño ubicado fuera de los entornos urbanos —ella vive y trabaja en Pedreguer, una pequeña población rural alicantina. “Con el premio, estuve en una residencia en Francia investigando encuentros entre diseño y arquitectura”, desvela.
“Dirigimos nuestros hábitos a la dependencia de las máquinas, cuando es más eficaz resolver cuestiones con ingeniería manual, mecánica o seguir preservando profesiones como el pastoreo” Regina Dejiménez, diseñadora textil Responsable de la dirección creativa de la sala principal dedicada a la lana en el reciente Madrid Design Festival, con una espectacular instalación-refugio donde diseño, arquitectura y lana se funden y confunden sensorialmente, Dejiménez es una de las creativas que se ha sumado a la lucha por la lana como material creativo en el proyecto Oro Blanco, en su caso, inspirándose en la trashumancia y el pastoreo.

“Me considero un agente revitalizador del cambio necesario para la supervivencia del ser humano. No solo por las propuestas de innovación que ofrezco, sino porque en ellas está intrínseca también la conservación, la memoria y el buen hacer del pasado. Lo que siempre se hizo bien, no hace falta cambiarlo”, reflexiona Dejiménez, finalista de los Premios Nacionales de Artesanía 2023. “La lana es flexible, por eso se puede convertir en hilo fácilmente; es orgánica y el material más aislante y protector para el ser humano que podemos encontrar en la naturaleza”, añade.


Los productos diseñados por Inés Sistiaga pretenden poner en valor costumbres tradicionales españolas y explorar nuevas posibilidades para la lana en el mundo del diseño textil. Estarán a la venta en Amazon.@ Cortesía de Inés Sistiaga
Tejiendo redes para salvar la lanaDesde hace tres años, Madrid Design Festival colabora con Amazon en un proyecto titulado Tejiendo Redes, para reivindicar la importancia del diseño fuera de los núcleos urbanos.
La puesta en valor de la lana supone un empujón económico en zonas de España que están sufriendo un rápido abandono —esa España vaciada de la que hablan las noticias. “Queremos acercar a los clientes al mundo de la lana, y darle voz a productores artesanos como Wool4Life”, dice María Baquedano, responsable de innovación e impacto social en Amazon.
En Oro Blanco, además de la instalación de Regina Dejiménez, hay una colección cápsula de productos de Inés Sistiaga, hechos con lana dorada de la oveja guirra, de piel rojiza, la única especie ovina que queda originaria de la Comunidad Valenciana y en peligro de extinción. El objetivo es ofrecer productos a partir de la lana con una salida real al mercado —la colección estará a la venta en Amazon.es, próximamente. Cortinas, asientos y bolsas multiusos, hechos con lana en punto digital y sin necesidad de añadir otros materiales que corrompan la pureza a la lana, ofrecen una visión renovada de este tejido.

Junto a Regina e Inés, otros creativos trabajan para revitalizar la industria textil con lana. Latxa Basque Wool Fabrics, por ejemplo, en un proyecto de economía circular donde se transforma la lana de oveja Latxa en tejidos atemporales y sostenibles. O Studio Folklore, que experimentan con técnicas para estampar lana merina española con extractos botánicos.Entre esponjosas montañas de varios metros de altura de lana, Ramón Cobo, fundador de Wool4Life, se siente como en casa. El aire lleva diminutas pelusas que se enganchan en el pelo y la ropa. El ruido de las máquinas contrasta con la delicadeza de los hilos. Aquí se producen anualmente casi 50.000 kilos de lana, un material que es y representa mucho más que un simple medio para ganarse la vida. Ahora, casi, ni eso. “En Nueva Zelanda, iban a poner una alfombra de una fibra que no era lana en el Parlamento y se recogieron más de 1 millón de firmas para que se utilizara lana autóctona, una de las más valoradas del mundo. Ojalá aquí supiéramos valorar de esa manera nuestra lana”, dice Cobo, recordando que los responsables de la desaparición de este lugar industrial, rural e histórico, todo a la vez, seremos, también, nosotros, consumidores de diseño.






