dLana

Hola,

Voy a comenzar esta news, dando las gracias a todas las que estas últimas semanas nos habéis preguntado cómo estamos, y habéis respondido a nuestras preguntas respecto a los contenidos, más o menos íntimos, que os resultan de mayor interés.

Ha quedado claro, que estamos aquí para aportar más que lana, os gustan la historia, los datos, nuestra forma de contarlo y formar parte de esta gran familia que ama la lana y trabaja cada día para que su valor siga llegando muy lejos.

Gracias por vuestra sinceridad, vuestro apoyo y vuestras compras que también indican que hacemos un buen trabajo.

Preparando el artículo de esta semana, hubo una idea que se nos quedó dando vueltas y que, cuanto más la pensábamos, más curiosa nos parecía.

Durante miles de años, para hacer ropa primero había que esperar a que la fibra creciera.

Había que criar una oveja, cultivar lino o algodón, recoger una cosecha, esquilar, limpiar, clasificar y asumir además que la naturaleza nunca produce dos cosas exactamente iguales.

Nosotras convivimos con eso todos los días en el taller.

Hay lanas que llegan largas, otras más cortas, algunas abren fenomenal y otras nos hacen sudar bastante más de la cuenta. A veces preparamos una mezcla pensando que se va a comportar de una manera y la máquina nos demuestra en cinco minutos que estábamos equivocadas.

Y entonces pensamos en lo revolucionario que debió resultar descubrir que una fibra también podía fabricarse.

Que no hacía falta esperar a que creciera.

Que podíamos diseñarla para que fuera resistente, regular, ligera, elástica, impermeable, fácil de lavar y, además, producirla en cantidades enormes.

De repente entendimos un poco mejor por qué el poliéster llegó hasta donde ha llegado.

Lo que no imaginábamos era hasta dónde realmente lo ha hecho en la actualidad.

Quiero saber más, sobre esta historia

En 2024, solamente el poliéster representó alrededor del 59 % de toda la fibra producida en el mundo.

No de la fibra sintética.

De toda.

Y a partir de ahí empezamos a tirar del hilo.

Nos preguntamos cuánto de ese poliéster era realmente reciclado, de dónde procedía, qué ocurre con las pequeñas fibras que se desprenden de nuestra ropa y, sobre todo, si el problema está realmente en haber inventado un material capaz de durar muchísimo tiempo o en haber empezado a utilizarlo para fabricar cosas que duran cada vez menos.

No hemos encontrado una respuesta tan sencilla como «natural es bueno y sintético es malo».

Por suerte.

Porque seguramente tampoco sería verdad.

Lo que sí hemos encontrado son unas cuantas preguntas que ahora nos acompañan cada vez que miramos una etiqueta.

¿De dónde viene este material? ¿Por qué lo estamos utilizando aquí? ¿Cuánto esperamos que dure? ¿Y qué vamos a hacer con él después?

El nuevo artículo empieza precisamente ahí:

Cuando el petróleo parecía la respuesta a todo

Solo poniendo la verdad sobre la mesa y nuestras agujas, con datos reales y hechos, podremos tomar mejores decisiones para nuestra vida y la de todas.

Un abrazo,

Esther y Javi