Lo local no es una jaula. Es desde donde lo cambiamos todo.

El sector textil es el sector con menos trazabilidad del mundo. No lo decimos nosotras, es un hecho.

La mayoría de las veces no sabemos de dónde viene el algodón con el que está hecha nuestra ropa, cómo fue cultivado, con qué fue tratado. Lo mismo pasa con las fibras vegetales, con las viscosas, con todas las fibras artificiales que se presentan con nombres bonitos y certificados que no siempre cuentan la historia completa. El mundo textil cambia muy rápido y se camufla muy rápido. Y hoy contamos en Europa con espacios que pertenecen a un mundo absolutamente globalizado, capaz de producir tanto y a tal velocidad que abarata los precios hasta hacer casi imposible que otros proyectos más pequeños, más cuidadosos, con mayor impacto local, puedan mantenerse.

Nosotros llevamos años investigando esto, porque queríamos entender con qué trabajamos y por qué importa. Y lo que encontramos nos llevó aquí, a la lana española, a Sorrosal, a decidir que era importante poder contaros el nombre del ganadero, el pasto donde comen, el proceso desde el vellón hasta la madeja que llega a vuestras manos. Y de esto hace ya casi 10 años, siendo los primeros en la península en hablar de esta forma.

Nuestra primera idea, cuando empezamos, era abrir una tienda de moda sostenible con textiles ya acabados. Fíjate dónde acabamos. En el campo. En la materia prima. En el principio de todo. Porque cuando te metes a fondo en este mundo, te das cuenta de que la única forma de contar una historia honesta es empezar desde el principio de verdad.

No. Es necesario.

Aquí en España todavía hay mucha pedagogía por hacer. La lana local lleva décadas siendo denostada, igual que todo lo que viene del campo, igual que todo lo que se hace con las manos. Lo urbano, lo tecnológico, lo sintético se asoció durante mucho tiempo con modernidad y evolución. Y lo rural, lo ancestral, lo manual, quedó atrás. Nosotras vivimos gran parte de nuestro tiempo en un mundo nada sofisticado, donde lo que manda son los saberes que se han pasado de unas manos a otras durante generaciones. Y lo ponemos en valor. Siempre con el mismo norte: salvaguardar lo que hicimos bien, adaptándolo a los tiempos que vivimos ahora.

Pero mientras esa concienciación crece aquí, hay tejedoras en Tokio, en Berlín, en Estados Unidos, que ya entienden exactamente lo que significa tener en las manos una fibra con historia, con trazabilidad completa, con un impacto positivo claro sobre un territorio y sobre las personas que lo habitan. Vender allí no nos aleja de aquí. Nos permite seguir haciendo con dignidad nuestro trabajo aquí.

Esto es una historia de vida y de amor a la lana y a las personas que están detrás de ella. Una historia de la que formas parte, a través de tu compra, de tu tejido y del acompañamiento en esta travesía.

Gracias por estar.

Esther y Javi

Sé qué significa la lana de verdad y quiero mis lanas en preventa