Ganado contra el fuego

70.000 ovejas desbrozadoras, el orgullo antiincendios de Santiago-Pontones en la sierra de Jaén: «Son las verdaderas gestoras del monte»

En pleno corazón del Parque Natural de Sierra de Segura, más de 170 profesionales, 80 de ellos jóvenes, demuestran que hay una barrera muy efectiva contra los incendios: la ganadería. Sus ovejas son su orgullo

En Santiago-Pontones, sus 70.000 cabezas de ganado mantienen el monte limpio.

En Santiago-Pontones, sus 70.000 cabezas de ganado mantienen el monte limpio. Lucía RivasAraba Press

David Vigario

Hay otra forma de apagar los fuegos. Lo llevan clamando los hombres y mujeres del campo desde hace años sin ser escuchados. No con grandes inversiones. No con aumento de portentosos hidroaviones. No con aumento de plantillas de bomberos forestales. No, en definitiva, con medidas a posteriori a que las llamas prendan sin remedio y ya no haya piedad, como desgraciadamente ocurrió en Los Gallardos (Almería). Se trata de la vuelta a las costumbres tradicionales del pastoreo. Y no es una quimera.

Hay un ejemplo palpable y se puede comprobar en Santiago-Pontones, la principal reserva natural de la comarca de la Sierra de Segura (Jaén), una comarca que abarca 684 km² de extensión, de las más grandes de Andalucía y con población más diseminada: sus 4.172 habitantes ocupan más de 100 núcleos habitados. Es decir, la zona contiene factores idénticos a los lugares donde se están produciendo en los últimos años los grandes incendios forestales en España. Tremenda despoblación y un relieve natural del paraje muy abrupto y angosto, con los altiplanos más altos del país, en una superficie amplia, que abarca cerca de 70.000 hectáreas. Sin embargo, los lugareños no recuerdan un solo incendio grave.

¿Milagro? No. Vuelta a las raíces y, sobre todo, concienciación de la administración, en este caso la Junta de Andalucía, que, de la mano de los propios ganaderos, puso en marcha en 2019 un programa piloto que converge la labor de pastoreo en extensivo sin cortapisas administrativas que les permite gestionar a ellos mismos el monte público. La administración regional les cedió los terrenos, lo que provocó el acceso a las ayudas europeas, la rentabilidad de la producción y el aumento de la cabaña ganadera y los rebaños.

70.000 ovejas y 170 ganaderos

Una cadena imparable que desemboca en la formación de un gran ejército uniformado de blanco, 70.000 ovejas que, a su paso, de la mano de 170 ganaderos, regeneran la vegetación, aportan materia orgánica al suelo y limpian los bosques. El resultado conlleva además otros triunfos que traen de cabeza a la España rural y al mundo agrario en general: 80 jóvenes se han incorporado al campo gracias al programa, explotaciones rentables y fijación de la población. La receta funciona y, de paso, se desbrozan los montes a diario.

«Es el pastoreo de toda la vida, que se estaba perdiendo sin remedio», apunta Antonio Punzano (52 años), líder agrario de la iniciativa. ¿El escudo? La raza segureña, una especie autóctona de la zona, con un alto nivel de adaptación (con menos lana y una estatura menor a la tradicional), especialmente adaptada a los espacios más abruptos y elevados en una zona que tiene la mayor cabaña ovina de toda la provincia de Jaén. Pero podía ser otra raza. O cabras. O vacas.

En 2011, la ganadería extensiva en la Sierra de Segura caía en picado. El número de cabezas de ganado había descendido en esta zona hasta unas 35.000. Un desastre. A los jóvenes ni se les pasaba por la cabeza continuar con el oficio debido al poco atractivo del trabajo, la falta de rentabilidad, la excesiva burocracia o las prohibiciones constantes para la gestión del ganado. Los que se iban, y se fueron muchos, no regresaban. En España, el balance era similar: 1.219 explotaciones perdidas cada temporada y 432.431 ovinos menos.

TIERRAS COMUNES

Llegados a esta situación, los ganaderos de la Sierra de Segura se «arremangaron». Se agruparon en una Sociedad Agraria de Transformación (SAT), una fórmula que les permitió administrar de manera conjunta los terrenos de pastoreo y repartirse el acceso a los montes públicos que les concedió la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente en 2019 después de mucho esfuerzo. «Llegaron a entender la realidad de la ganadería extensiva, que se moría», recuerda Antonio.

Se facilitó el acceso a las ayudas, sobre todo de la Unión Europea (la PAC). La viabilidad de las explotaciones se empezó a garantizar. Y los jóvenes ya miraron con otros ojos el oficio de pastor, muy sacrificado con sus días y sus noches, donde no hay vacaciones ni fiestas. Regresaron los hijos de los pastores, algunos con estudios universitarios. Otros se animaron. «Pasamos en poco tiempo de 15.000 a 20.000 hectáreas, repartidas para todos de la misma manera, y fuimos creciendo, y a la vez fue aumentado el número de ovejas y empezaron a pastorear cada vez más terreno…».

Más de 170 profesionales, 80 de ellos jóvenes, demuestran que hay una barrera muy efectiva contra los incendios: la ganadería.

Más de 170 profesionales, 80 de ellos jóvenes, demuestran que hay una barrera muy efectiva contra los incendios: la ganadería.Lucía RivasAraba Press

«Por gestionar 200 hectáreas de media podías recibir 18.000 euros de fondos europeos, y si podías juntar otras ya podrían ser hasta 30.000». Sonaba bien. Primero 12 jóvenes. Al año siguiente otros 14. Así hasta los 80 actuales, que se unen a los ganaderos actuales y conforman, con las ovejas, la mejor brigada contra el fuego: «Con el pastoreo eliminamos la materia orgánica, limpiamos y despejamos las hierbas y matorrales, mantenemos el ecosistema». El caso contrario es por todos conocido: «En cuanto se prenda una llama todo se convierte en un polvorín, y más si ha llovido tanto como este invierno, a lo que se suma la primavera tan seca». Por eso, añade, «son imprescindibles nuestras ovejas, que se convierten en los verdaderos gestores del monte».

Ni atisbo de una llama: «Había que demostrarles que el modelo funcionaba y lo hicimos». No de la noche a la mañana, pero se hizo. Y la Junta los reconoció. El experto forestal Paco Castañares, ex director general de Medio Ambiente en Extremadura, apuesta por el regreso a esta labor tradicional «que durante miles de años ha contribuido a modelar, controlar y aprovechar el crecimiento de la vegetación y a mantener buena parte de nuestro ecosistema más resiliente a los incendios».

Con 900 ovejas y 70 vacas de su propiedadAlicia Fernández es uno de los últimos ejemplos de incorporación a este programa. Licenciada en ADE en Murcia, con Erasmus en Oporto y hasta haciendo de au pair en Birmingham para aprender inglés, llegó a trabajar haciendo sustituciones en una entidad financiera, pero decidió dar un cambio radical a su vida y desde hace seis años ha apostado por la actividad profesional agraria, siguiendo la tradición familiar. «Me encantaba, de pequeña, acompañar a mi padre al campo», dice. Se instaló en La Matea, una aldea de menos de 500 habitantes, y comprobó «que la explotación podía ser viable». No se arrepiente y se muestra orgullosa, como sus compañeros, de «no recordar tener que combatir un incendio» y pertenecer a un oasis limpio de combustible y matorral seco.

LA TRASHUMANCIA

La labor de limpieza del ecosistema no sólo se ciñe a esta comarca. Cada invierno, por el duro clima de la sierra, cuando los pastos no son aprovechables, los pastores practican la trashumancia y emprenden a pie con sus rebaños el camino hacia los pastaderos de la Sierra de Andújar. Son unos 300 kilómetros en un recorrido que dura casi dos semanas para establecerse, durante seis meses, en Sierra Morena, en zonas más cálidas. La estampa se repite año tras año, mientras todo el recorrido queda también perfectamente peinado.

A los seis meses, ya en mayo, se emprende el camino contrario. «Hace años pagábamos por pastorear por las numerosas fincas privadas por las que pasábamos un canon elevado, entre 20 y 35 por oveja, pero ha llegado un momento que casi la totalidad del recorrido se produce por montes públicos de la Junta de Andalucía y eso nos hace abaratar el coste», destaca Antonio, tan ambicioso en este proyecto que ahora quiere extenderlo y llegar a un acuerdo con el Gobierno central para poder disponer de otra zona, entre Baños de la Encina y Andújar, donde se sumarían 11.000 hectáreas de titularidad estatal.

EL MEJOR APAgaFUEGOS

Recuerda el experto Paco Castañares que la mejor fórmula contra los incendios es «combinar el pastoreo con actividades agrícolas que impliquen el laboreo de la tierra y la siembra de cereal, actividades forestales como desbroces del matorral y quemas prescritas». «Además de las ovejas, se pueden usar las vacas, muy útiles en zonas abiertas y adehesadas. En las zonas de monte cerrado las cabras son muy eficaces, junto con los grandes ungulados silvestres (ciervo, gamo, muflón, jabalíes…)».

De esta manera, «regresaríamos a lo que ha funcionado cuando los campos estaban habitados y vividos, antes del gran éxodo rural que ha dejado los pueblos vacíos y los terrenos sin cuidar». A ello le uniría «el uso de fuego técnico de baja intensidad», que describe como «una de las herramientas más eficaces para reducir combustible y evitar los grandes incendios». «Hay consenso en toda la comunidad internacional de incendios en la aplicación de estas medidas. Si se usan todas, mejores serán los resultados», pronostica.

Es pleno verano. Las ovejas segureñas descansan y pastan en Santiago-Pontones. No tienen prisa. Pasados unos meses emprenderán el camino. Comenzarán a escucharse los cencerros dirigidos por más de un centenar de pastores a pie. Aún no ha amanecido, pero cientos de ovejas conforman ya una extensa línea cual ejército organizado mientras el camino se vuelve a llenar de polvo en su lento caminar. No hay matojos. No hay combustible. No hay hierbajos. No hay matorral. Es su mejor alimentación. Así de fácil. La vuelta a las raíces con un resultado inmejorable: cero incendios allá por donde pasan.Principio del formulario

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