Esta estola empezó como una prueba.

Esta estola empezó como una prueba.
Queríamos ver cómo respondía Lana Romera en algo muy sencillo: una construcción en diagonal, alternando derecho y revés. Sin más.

Y ahí es donde empezó a pasar algo interesante.

Sin ahormar. Sin abrir la pieza.
El punto ya estaba definido.

No es tan habitual. Normalmente necesitas ahormar para que el dibujo se ordene, para que el derecho y el revés se separen bien. Aquí no. Aquí ya se leía desde la aguja.

Necesito tejer lana Romera

Tiene bastante que ver con cómo está construido el hilo.

La torsión está lo suficientemente equilibrada como para sostener el punto sin que se desdibuje. No se aplana al tejerlo, y eso hace que el relieve entre las dos estructuras (derecho/revés) aparezca con claridad.

Además, la fibra tiene memoria. Recupera.
Eso ayuda a que cada punto ocupe su lugar sin tener que “forzarlo” después.

Y luego está la superficie del hilo.

No es completamente lisa, y eso cambia cómo entra la luz. En tonos oscuros, como el púrpura, esa pequeña irregularidad hace que la textura no se pierda. Al contrario, la sostiene. Se ve.

Y en el color Sol pasa algo distinto.

Ahí el color es el que empuja. Es un tono muy luminoso, pero lo interesante es que el propio punto lo amplifica. No es un plano uniforme, cada punto devuelve la luz de una manera ligeramente distinta, y eso hace que el tejido tenga mucha más presencia.

Al final, más allá del resultado, ha sido una de esas piezas que se disfrutan mientras se tejen.

Porque vas viendo cómo responde el hilo en tiempo real.
Y eso no siempre pasa.

Un abrazo lanero,
Esther y Javi