Los ganaderos explican que los almacenes que recogen estas fibras naturales «ya ni las pesan»

César Ceinos
«La lana de las ovejas no tiene precio. No vale nada y a los que se la vendemos les cuesta recogerla». Así de claro y rotundo se expresa Javier González, propietario de una explotación agrícola de ovino churro con unas de 550 madres y 70 cabezas más de reposición en la localidad de Celadilla del Río, quien lamenta que esta fibra natural ha pasado de ser en la última década una fuente de ingresos a un gasto más en la explotación.
El coste del trabajo de los esquiladores, que es totalmente necesario para el cuidado de la oveja, es superior al dinero que recibe el ganadero por este producto, que en el pasado era muy utilizado en la industria textil y que en la actualidad también se puede usar, en algunos casos, como aislante térmico en la construcción. «Es una pérdida para la explotación porque ya no genera ningún ingreso», manifiesta el ganadero antes de que visiten su localidad, que forma parte del Ayuntamiento de Pino del Río, estos particulares peluqueros para rapar a los animales, de los que se extrae, por cabeza, hasta 1,5 kilos de fibras.
González comenta que las personas que recogían la lana en el pasado la pesaban en la explotación y se la llevaban a los almacenes, pero actualmente «ni siquiera lo hacen». «Solo cuentan las sacas y no dan precio. A últimos de diciembre nos llega un cheque con quince o veinte euros, que no sirve ni para pagar las consumiciones de los esquiladores», critica el ganadero tras comentar que quitar la lana a cada animal cuesta en torno a 1,30 euros y dejar entrever que las cuentas ahora no salen.
En estos momentos, recuerda con cierta nostalgia aquellos años en los que, por demanda de China, ganaderos como González llegaron a cobrar hasta 0,60 euros por cada kilo de fibra natural y, en este caso, el total ascendía a más de una tonelada. «Desde entonces, empezó a bajar y a bajar y hasta ahora. La última vez se llevaron ocho sacas sin pesar», critica.
Además, a González le sorprende aún más esta situación porque la lana de sus ovejas «no se descompone a diferencia de otros materiales». «Pasan años y se queda igual que está. No cambia. Es un buen producto que no pierde propiedades», añade.
Por otro lado, explica que esta problema es una piedra más en el camino para un sector que ya acumula demasiadas trabas en los últimos años, entre las que cita el incremento del coste de la producción, la subida de gastos salariales y, en muchos casos, la falta de relevo generacional en las ganaderías. «Los gastos son cada vez más grandes y esto da lugar a que cada vez haya menos ganaderos», lamenta.
CAÍDA DE LA DEMANDA. González es socio de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Ovino de Raza Churra (Anche), entidad que respalda todas sus críticas, puesto que la opinión en todo el sector es unánime. «Antes se esquilaba y el coste del esquile se sufragaba con el valor de la lana. Ahora no», refrenda el presidente de la entidad, Mariano Paramio, quien explica que detrás de este descenso en el precio hasta rozar el cero está la caída de la demanda. «Fue sustituida por fibras sintéticas en la industria textil y en la construcción todavía no se utiliza mucho», lamenta.
Pero, para más inri, el dirigente de la asociación ovina con sede en Palencia recuerda que la pérdida de valor de subproductos ovinos no solo se da con las fibras naturales. «En el caso del estiércol ocurre otro tanto de lo mismo, lo que está provocando que el valor de la oveja se vaya minando», asegura. En este punto, Paramio sigue la línea del ganadero de Celadilla del Río y explica que estos problemas se suman a otros que tiene ya el sector y que están provocando que cada vez sea menos atractivo para trabajar e invertir en él. «Es el cóctel idóneo para que el ovino desaparezca en su totalidad. Es la realidad y lo que está ocurriendo. No es algo que solo esté afectando a la oveja churra», concluye.






