

Desde tiempo inmemorial, el pastor ha tenido que lidiar como ningún otro gremio o profesión con la intemperie y la climatología adversa. Frío, lluvia, viento, cellisca, nieve, tormentas… fueron desde siempre los impenitentes compañeros que marcaron su carácter, su tiempo y, por supuesto, su manera de vestirse, protegerse y estar y vivir en el mundo. En climas fríos y relativamente húmedos como los de la mitad norte de España, al igual que en otras muchas partes del mundo (como Rumanía y otros países de Europa del este donde todavía pueden verse), los pastores aprovecharon pronto las pieles y pellizas de sus ovejas de lanas largas, duras y bastas, la mayoría de tronco celta, para arroparse del frío y protegerse de la lluvia.


También en España. Y mucho antes de que surgieran las mantas de lana que ahora fabricamos y que tanto he traído por aquí. Son las famosas pellizas o zamarras de pastor que aún pueden verse en muchos museos etnológicos o incluso en disfraces, carnavales y trajes regionales.
Un trabajo que tengo pendiente desde hace mucho tiempo, aún más ahora con nuestro proyecto de mestas.es, es el de inventariar y documentar los diferentes modos y vestidos con los que los pastores se han protegido del frío, del calor y de la intemperie a lo largo de la historia y en las distintas regiones de España y del mundo. Un trabajo ingente que seguramente nunca escribiré, pero que tomo y retomo de vez en cuando. Os dejo de momento unas fotografías de archivo de pastores de la provincia de Burgos (de donde soy oriundo) y de un pastor de Turégano (Segovia).







