“Suena el cañón y sube el vellón» Episodio II


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Ramón Cobo

Fundador Wooldreamers & Wool4.life

“Suena el cañón y sube el vellón» Episodio II
El precio más bajo también tiene un coste.
Hace unos meses escribí aquí una reflexión titulada “Suena el cañón y sube el vellón”.
Aquel dicho del mundo lanero que el pastor Antonio me explicaba, «Cuando los ejércitos necesitaban uniformes, mantas, paños o calcetines, aumentaba la demanda de lana y el vellón subia se valor»

Mi post no tenía que ver con la guerra, sino con el enorme poder de la compra pública para transformar una cadena de valor local.
El otro dia me acordaba de aquel post al leer una adjudicación del Ministerio de Defensa.
El Ejército de Tierra ha adjudicado a El Corte Inglés un contrato para el suministro de ropa deportiva por 656.424,33 euros.
Lo que me ha hecho detenerme es el criterio de adjudicación publicado en el BOE:
Precio: ponderación 100 %.
No es una crítica a El Corte Inglés, ni mucho menos, que gana la licitación conforme a las condiciones establecidas.
La pregunta para mí es otra:
¿Qué queremos conseguir con el dinero público cuando compramos?
Porque una administración no solamente compra un producto. También está decidiendo dónde genera actividad económica y qué modelo productivo favorece.
Por supuesto que el precio importa: hablamos de dinero público.
Pero quizá lo más barato en el momento de comprar no siempre sea lo más barato para un país.
Cuando una compra se realiza a través de una cadena local o cercana, ¿cuántos puestos de trabajo directos genera o mantiene?
¿Cuántos empleos indirectos activa a través de proveedores, transportistas, talleres, mantenimiento o logística?

¿Cuánto de ese dinero vuelve al Estado en cotizaciones, IRPF, IVA, Impuesto de Sociedades y otros tributos?
¿Cuánta actividad económica permanece en el territorio y vuelve a circular en salarios, proveedores y consumo?
¿Cuánto conocimiento industrial, capacidad productiva y autonomía económica ayudamos a conservar?

Y al contrario:

¿cuál es el coste real para un país cuando toda esa actividad desaparece porque únicamente hemos comparado el precio de compra?
Hablamos constantemente de sostenibilidad, economía circular, despoblación, autonomía estratégica, reducción de emisiones, trazabilidad y recuperación de la industria europea.
Pero llega el momento más poderoso de todos —el momento de comprar— y muchas veces volvemos a mirar casi exclusivamente el precio.
Ahí existe una contradicción que deberíamos discutir.
No propongo cerrar mercados ni regalar contratos a nadie.

Propongo algo más sencillo:
que en determinadas compras públicas el impacto económico, ecologico social y territorial de una oferta pueda medirse y tener peso real dentro de una licitación.
Porque una licitación pública no es solamente una herramienta administrativa.
Puede ser también una herramienta de política industrial.
Quizá el futuro de muchas cadenas de valor locales no deban depender de subvencionarlas.
Quizá dependa, simplemente, de entender mejor todo lo que ocurre después de comprar.

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