Descubren en Uzbekistán capullos de seda de 4.000 años que adelantan el origen de la Ruta de la Seda 1.700 años

Descubre cómo tres capullos de seda de 4.000 años en Uzbekistán reescriben la historia de la sericultura. ¡No te lo pierdas!

Erica Couto

Publicado por Erica Couto Muy Interesante

Historiadora y asirióloga

Tres capullos diminutos, apenas más grandes que la yema de un dedo, han sobrevivido enterrados en el sur de Uzbekistán durante cuatro milenios. Cuando los científicos pudieron, por fin, examinarlos al microscopio, los datos que recabaron contaban una historia inesperada que obliga a repensar el origen de la seda. ¿Y si en una aldea asiática de la Edad del Bronce ya se criaban gusanos de seda, mucho antes de que existiera la famosa Ruta de la Seda? ¿Podría haber sido la región un participante activo en el desarrollo de esta tecnología, capaz de adoptar e integrar tecnologías foráneas, y no un simple corredor pasivo por el que circulaban los productos ajenos?

Lo que vas a descubrir en este artículo

¿Y si en una aldea uzbeka de la Edad del Bronce ya se criaban gusanos de seda, mucho antes de que existiera la famosa Ruta de la Seda?

Lo que creíamos: la seda como mercancía, no como tecnología

El desarrollo de la Ruta de la Seda (término acuñado por el geógrafo alemán Ferdinand von Richthofen en 1877) suele situarse hacia el siglo II a. C., cuando la expansión de la dinastía Han y las misiones del diplomático Zhang Qian formalizaron las rutas comerciales entre China y Occidente. Según esa narrativa convencional, la seda viajaba desde Asia Oriental como producto terminado, un bien de lujo que cambiaba de manos sin que el conocimiento para fabricarlo (la cría del gusano, el hilado y el tejido) hubiese abandonado nunca China.

En otras palabras, en esta reconstrucción histórica, Asia Central habría sido durante milenios un simple pasillo: un corredor por el que pasaban las caravanas, pero no un lugar donde se produjera nada. El nuevo hallazgo, publicado en Science Advances en julio de 2026, cuestiona precisamente el mito de la producción sedera. Y lo hace gracias a un yacimiento poco conocido para el gran público: Sapalli Tepe.

Excavación arqueológica en montículo árido del sur de Uzbekistán, capas de tierra estratificada, herramientas y tamices, luz

Según la narrativa convencional, la seda viajaba desde Asia Oriental como producto terminado. El conocimiento tecnológico para fabricarla no habría saido de China.

Una civilización urbana que casi nadie recuerda

Sapalli Tepe es un yacimiento de la Edad del Bronce situado en el valle del Surkhan-Darya, en el sur de Uzbekistán, muy cerca de la frontera con Afganistán. Es te sitio, que se excava desde la década de 1970, pertenece a la órbita de la Cultura Arqueológica de Bactria-Margiana (BMAC, por sus siglas en inglés; también llamada Complejo del Oxus), una sofisticada civilización urbana que floreció aproximadamente entre 2300 y 1700 a. C.

Aunque la BMAC es una gran desconocida cuando se la enfrenta a civilizaciones como Egipto o Mesopotamia, fue, sin embargo, un nodo cosmopolita del Bronce. En este cruce de caminos confluían pueblos, materias primas y, ahora lo sabemos, biotecnologías. El hallazgo la coloca, pues, en el centro de una red de intercambio que ya operaba dos milenios antes de que las caravanas Han pusieran rumbo a Occidente.

En el cruce de caminos de la Cultura Arqueológica de Bactria-Margiana confluían pueblos, materias primas y, ahora lo sabemos, biotecnologías.

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Por qué hallar seda no es lo mismo que criar seda: repensando el origen de la seda Encontrar un fragmento de tejido de seda en un yacimiento antiguo solo demuestra una cosa: que allí llegó la seda. Es como hallar una hogaza de pan en una despensa; prueba que hubo pan, pero no que se horneara en casa. La sericultura o cría del gusano de seda para obtener la fibra o es otra cosa muy distinta. El gusano domesticado (Bombyx mori) no puede sobrevivir por sí solo: depende por completo de las hojas de la morera (Morus) para alimentarse. Por tanto, hallar capullos del gusano junto con restos de morera equivale, de algún modo, a encontrar el molino y el horno. Indica el ciclo completo de producción local, es decir, la transferencia de todo un paquete tecnológico y no la mera importación de un artículo de lujo. Esa es la diferencia que convierte estos tres capullos en una revolución historiográfica sobre el origen de la seda.

Hallar capullos del gusano junto con restos de morera equivale, de algún modo, a encontrar el molino y el horno: indica el ciclo completo de producción local.

Tres capullos y la pista de la morera

La evidencia central del estudio son tres capullos antiguos asociados al yacimiento. El detalle que lo cambia todo, sin embargo, no son solo los capullos, sino su compañía: en el mismo contexto los investigadores documentaron restos de morera (Morus), además de otros frutos y cultivos.

En esa combinación reside la clave. Si solo hubiera capullos, cabría discutir si llegaron de fuera. La presencia de morera apunta a que el ciclo de cría ocurría in situ, en la propia región. Todo apunta, según los autores, a una producción local y no a una simple ruta de paso para las mercancías terminadas.

origen de la seda — imagen 2 Arqueología molecular y radiocarbono, dos técnicas clave

¿Cómo se distingue el capullo de un gusano domesticado del de una polilla silvestre cualquiera, después de 4.000 años enterrado? La respuesta está en la proteómica, es decir, el análisis de las proteínas conservadas en la fibra sérica. Combinada con la microscopía, esta técnica permitió atribuir los capullos a Bombyx mori, la especie domesticada, y no a otros lepidópteros que también producen seda silvestre. Es un buen ejemplo de cómo la arqueología molecular está reescribiendo cronologías que dábamos por cerradas.

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La segunda pieza clave es la datación. Al menos uno de los capullos se fechó mediante radiocarbono entre 1940 y 1765 a. C., es decir, hace unos 4.000 años. Esa cifra constituye la columna vertebral del hallazgo: no se apoya en estilos ni en analogías, sino en una medición física del carbono contenido en el material.

En conjunto, la evidencia muestra que la sericultura de Bombyx y morera de Asia Oriental había llegado al sur de Asia Central hace unos 4.000 años, mucho antes del establecimiento de la Ruta de la Seda histórica.

origen de la seda — imagen 3

El origen de la seda: Asia Central deja de ser un pasillo geográfico

Si la sericultura estaba presente en Sapalli Tepe hacia el 1900 a. C. y la Ruta de la Seda histórica se fecha hacia el siglo II a. C., el hallazgo adelanta la transferencia de esta biotecnología del orden de 1.700 años respecto a la formalización convencional de la ruta. La región, por tanto, no habría sido un corredor pasivo por el que pasaban productos ajenos, sino un participante activo capaz de adoptar e integrar tecnologías foráneas, como el cultivo de la morera y la cría del gusano de seda, en su propio tejido económico y cultural. La Ruta de la Seda, bajo esta luz, no sería el comienzo de la conectividad euroasiática, sino la formalización tardía de redes de intercambio mucho más antiguas por las que ya se movían plantas, animales y saberes a través del continente.