EL VALOR DE LO INTANGIBLE II

Desde hace unos años vengo observando, y también sufriendo, algo que me hace reflexionar mucho.

A veces parece que algunas personas valoran más lo que sabes, lo que cuentas o la historia que hay detrás de tu empresa que el propio producto que vendes.

Y no tendría nada de malo si entendieran que esa historia, ese conocimiento y esas relaciones también tienen un valor.

Porque nuestro producto no es solamente un hilo, una manta o unos kilos de lana.

La parte tangible quizá sea solo un 10 % de todo lo que realmente hay detrás.

El otro 90 % son años de trabajo, errores, inversiones, viajes, conversaciones, pruebas, puertas cerradas, caidas y relaciones construidas poco a poco.

Son generaciones aprendiendo un oficio



Son conocimientos que no aparecen en un manual ni se consiguen haciendo una búsqueda en Internet.
Son personas y familias que dedicaron su vida a la lana, muchas veces en momentos en los que nadie parecía interesarse por ella.

Son pastor@s, esquilador@s, clasificador@s, lavaderos, cardador@s, hilador@s, diseñador@s y client@s con los que hemos creado relaciones de confianza durante años.

Todo ese conocimiento no nos llegó caído del cielo.
Nos ha costado dinero, esfuerzo, disgustos, decisiones equivocadas, sacrificios familiares y una cantidad enorme de tiempo.
Y, aun así, hay personas que se acercan queriendo conocerlo todo: cómo trabajamos, con quién, cuánto, dónde, cómo y cuándo, todos los momentos, el tiempo, el dinero y los sacrificios pasados a la carta.
Como si esa información no tuviera ningún valor.

Lo más doloroso no es que te pregunten.
A mí me gusta compartir, explicar nuestro oficio y ayudar a que la lana española tenga más futuro.
Lo que duele es que algunas personas no valoren ese conocimiento cuando te lo están pidiendo, pero después sí sepan ponerlo en valor cuando lo utilizan para su propio beneficio.
Compartir no puede significar regalar años de trabajo.
Colaborar no puede significar que una parte entregue todo su conocimiento y la otra simplemente lo aproveche.

Detrás de cada producto hay un patrimonio intangible que también debemos aprender a proteger.
La experiencia, la historia, las relaciones, los procesos, los errores cometidos y todo lo aprendido durante generaciones tienen tanto valor como aquello que finalmente podemos tocar con las manos.

Porque un hilo puede pesarse, medirse y ponerse en una factura.

Pero todo lo que ha hecho posible que ese hilo exista no siempre se ve.
Y precisamente por eso, quizá sea lo más valioso.