
La celebración, que tiene lugar cada 9 de abril, pone el foco en la lana como recurso natural, renovable y con múltiples aplicaciones, estrechamente ligado a la ganadería ovina y a la conservación del territorio
La Real Federación Española de Asociaciones de Ganado Selecto (RFEAGAS) se suma un año más al Día Europeo de la Lana, que se celebra este 9 de abril, con el objetivo de poner en valor una materia prima históricamente ligada a la ganadería ovina que, en la actualidad, vuelve a cobrar protagonismo en el contexto de la sostenibilidad y la economía circular.
Impulsada a nivel europeo para visibilizar la importancia de este recurso, la jornada busca reivindicar el papel de la lana como una fibra natural de alto valor añadido que, pese a sus cualidades, ha perdido peso en el mercado en las últimas décadas.
De “oro blanco” a recurso por redescubrir
Durante siglos, la lana fue uno de los pilares de la economía agraria española, hasta el punto de ser conocida como el “oro blanco”. Sin embargo, la irrupción de las fibras sintéticas y los cambios en los sistemas productivos provocaron un descenso progresivo de su valor, situándola en un segundo plano frente a otras producciones como la carne o la leche.
Actualmente, buena parte de la lana producida en España se exporta sin transformar, lo que limita su aprovechamiento y su valor económico dentro del territorio.
A pesar de ello, el sector insiste en que la lana no debe considerarse un residuo, sino un recurso estratégico. Se trata de una fibra 100% natural, renovable y biodegradable, que se integra plenamente en los principios de la economía circular y responde a las demandas de un consumidor cada vez más concienciado.
Propiedades y nuevos usos en alza
Las características técnicas de la lana refuerzan su posicionamiento como material sostenible. Es termorreguladora, transpirable, resistente al fuego, hidrófuga y capaz de neutralizar olores, cualidades que la convierten en una alternativa eficiente frente a materiales sintéticos.
Más allá de su uso tradicional en el ámbito textil, la lana ha encontrado nuevas aplicaciones en sectores como la construcción —como aislante térmico y acústico—, la agricultura —como fertilizante natural— o la cosmética, gracias a la lanolina. Asimismo, se están desarrollando líneas de innovación vinculadas a bioplásticos, depuración de agua o absorción de contaminantes.
Este abanico de usos refuerza la idea de que la lana es un material con recorrido, capaz de combinar tradición e innovación en un momento en el que la sostenibilidad marca la agenda global.
Un producto ligado al territorio y a la ganadería extensiva
Desde el sector se subraya que hablar de lana es también hablar de ganadería ovina y de su papel en el medio rural. Las explotaciones, especialmente en régimen extensivo, contribuyen a la conservación de los ecosistemas, al mantenimiento de la biodiversidad y a la prevención de incendios mediante el pastoreo.
En este contexto, la edición de 2026 del Día Europeo de la Lana adquiere una relevancia especial al coincidir con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, una iniciativa que pone el acento en la importancia de estos sistemas productivos y en la figura del pastor como gestor del territorio.
La lana se configura así como un símbolo de esa relación entre actividad ganadera, sostenibilidad ambiental y desarrollo rural.
Una llamada a la valorización del sector
El Día Europeo de la Lana se plantea, además, como una oportunidad para fomentar el consumo responsable y apoyar iniciativas que impulsen la transformación y comercialización de este material.
En este sentido, RFEAGAS destaca el trabajo que desarrollan las Asociaciones de razas puras integradas en la entidad, muchas de las cuales participan en proyectos de valorización de la lana, elaboran productos derivados o promueven actividades divulgativas para acercar este recurso a la sociedad.
A juicio de la Real Federación, recuperar el valor de la lana no solo contribuiría a mejorar la rentabilidad de las explotaciones ovinas, sino que también reforzaría un modelo productivo alineado con los retos actuales: sostenibilidad, economía circular y fijación de población en el medio rural.
Con todo, la celebración del 9 de abril se presenta como una fecha clave para recordar que la lana, lejos de ser un subproducto sin valor, sigue siendo una fibra con un enorme potencial económico, ambiental y social.






