Desde el rebaño hasta la pasarela

La caída de la cabaña de ovino, la rotura de la cadena de valor y otros productos textiles en el mercado ponen en riesgo un material natural como la lana

El Norte Luis Calderón, en los Encuentros de Moda Circular y Sostenible. Javier Rodríguez Valeiro

Palencia

En España se producen alrededor de 20.000 toneladas de lana cada año, una cifra que acumula años de descenso. Una producción heredera de una tradición ganadera que en el pasado definió la identidad de la moda española y proveyó a la economía del país de una potente industria textil. Sin embargo, hoy la lana española está en serio peligro de extinción: no solo por la progresiva rotura de la cadena de valor y la pérdida de la ganadería extensiva, sino también porque en torno al 60% de la producción se destina a la exportación.

«España posee una de las tradiciones ganaderas y textiles más antiguas de Europa», explicaba Mercedes Rodríguez Sánchez en el Foro Circular III: Encuentros de Moda Circular y Sostenible, celebrado a finales de 2025 en el Museo del Traje de Madrid y organizado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el Ministerio de Cultura.

Mercedes Rodríguez, subdirectora y profesora en el Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid (CSDMM) de la Universidad Politécnica de Madrid, considera que la lana «es un material con propiedades extraordinarias: es renovable, circular, sostenible, biodegradable y termorreguladora», cualidades a las que se suma su «enorme potencial para la artesanía contemporánea, la vinculación con el diseño y, en general, con la bioeconomía rural».

Mesa Nacional de la Lana y alcalde de Paredes de Nava, Luis Calderón Nájera.

A pesar de ello, «nunca en la historia de España ha estado en una situación tan crítica y tan negativa», a juicio del presidente de la Mesa Nacional de la Lana y alcalde de Paredes de Nava, Luis Calderón Nájera. El ayuntamiento de este municipio terracampino, con el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, constituyó en septiembre la Mesa de la Lana con el objetivo de liderar la búsqueda de soluciones y crear la futura hoja de ruta que ponga en común a sectores tan dispares como la ganadería, la industria de transformación para la producción textil u otros usos, como la bioconstrucción o la agricultura.

La crisis se agrava porque esta lana, incluso después de ser procesada en los tres únicos lavaderos que quedan en España (Paredes de Nava, Villalón de Campos en Valladolid y Mota del Cuervo en Cuenca), está siendo destinada a la exportación, por lo que no entra en el circuito del consumo textil español. El resultado directo de esta falta de demanda y valor es que al ganadero a menudo le cuesta más «esquilar y transportar la lana que el precio que reciben por el producto».

Desde los proyectos vinculados con la ganadería extensiva de ovino en Paredes de Nava, como el programa de repoblación ‘Cañadas de Futuro’, se está impulsando la creación de una empresa de servicios ganaderos que permita recuperar esta actividad económica con unas buenas condiciones laborales para los pastores, lo que favorezca a su vez el aumento de las cabañas. Y además, un servicio municipal básico que contribuya a mantener zonas comunales y, sobre todo, a la prevención de incendios forestales.

Al mismo tiempo que se ponen en marcha proyectos para incentivar la ganadería de ovino, están surgiendo diversas iniciativas que buscan revalorizar la lana y recuperar la circularidad perdida, tanto desde la moda como desde la gestión territorial y la innovación.

Marca distintiva

El presidente de la Mesa Nacional de la Lana, Luis Calderón, considera que sería positivo establecer un marco estratégico legal que favorezca la prevalencia de fibras naturales nacionales frente a otras fibras textiles no sostenibles ni circulares.

Todas las partes también consideran necesaria una campaña pública que recupere el valor de la lana para los consumidores, siguiendo el modelo que en los últimos años se ha desarrollado, por ejemplo, para el sector enológico o agroalimentario, impulsando el consumo de proximidad, a través de la creación de una marca distintiva de la calidad de la lana española, que pueda seguir el ejemplo de modelos de negocio como la ‘cashmere’ o ‘mohair’. Todo ello, encaminado a una recuperación de la totalidad de la cadena: desde el pastor hasta los tejedores, pasando por el lavado o peinado de la fibra y, por fin, el diseño de moda.