El último pastor quedó sin pasto


El Bierzo

Edilberto Rodríguez, de 28 años, salvó a sus cabras en Pombriego después de dormir 3 noches en un saco a la puerta del corral

Edilberto Rodríguez, de 28 años, con sus cabras en la zona de Pombriego.
Edilberto Rodríguez, de 28 años, con sus cabras en la zona de Pombriego.dl

Manuel Félix López

Ponferrada

19.08.2025 | 08:45

Actualizado:19.08.2025 | 08:45

Salvó la nave con su rebaño de cabras y ovejas de puro milagro. Lo consiguió porque durmió tres días dentro de un saco a la puerta del corral, vigilante del fuego traidor con su ganado al lado. Esto, con ayuda de su familia y la de unos vecinos, fue su gran logro. Pero el corazón se le ha partido en trizas y ha llorado al subir al monte, a la sierra, y comprobar ahora que, de lo que fue el corral público del último pastor de Arganeo sólo quedan cenizas y miseria; la nada. Ardieron hasta las latas, los platos, la techumbre, la naturaleza, lass lagartijas, todo.

Edilberto Rodríguez, el pastor de Pombriego, que a sus 28 años es la imagen de la lucha ganadera en los pueblos del Bierzo, en la Cabrera, en la zona de los pueblos del valle bajo del río del mismo nombre, ha comprobado con su ganado (ahora ya salvado) que el bosque y los pastos del alto de Arganeo han desaparecido. El pastor se ha quedado sin hierba. Y también murió, o más bien mataron, un rincón donde pasó e intentó pasar (porque la burocracia no le dejó) varios meses de verano para engordar a su rebaño. Un ganado que limpiaba por sí el monte, sin esos expedientes de burocracia de despacho.

«Hemos pasado miedo. No veía del humo. No sabía hacia dónde llevar el ganado para salvarlo. Mal si era hacia Castroquilame, y peor aún, si era hacia Pombriego. Fue horroroso. No dormimos, ni casi comimos. Ahora ya estamos más tranquilos, pero lo hemos pasado muy mal», confesaba ayer lunes a este periódico.

La agonía que genera el desconocimiento de lo que estaba pasando se acrecentaba, porque en esta zona montañosa, las grandes compañías de teléfono prefieren no invertir mucho por la rentabilidad de los números. Resulta desconcertante comprobar cómo si entras en el pueblo de Médulas (todo un Patrimonio de la Humanidad) o en la zona de Yeres o Pormbriego, Llamas, Santalavilla y demás pueblos, la comunicación del teléfono es en ocasiones una quimera, desquiciante para que el vive allí. «No había teléfono y no nos podíamos comunicar, y eso nos daba más miedo, por no saber qué podíamos hacer y pedir ayuda», relata este joven pastor de Pombriego. En ocasiones se sintió muy sólo, desamparado, pero también agradece la gran labor de las brigadas y la ayuda que finalmente pudo aquí con las llamas. En esta zona, empiezan a respirar.