
Los pastores trasterminantes arroparon a Manuel Rodríguez Pascual en Veguellina. DL
UN OFICIO EN PELIGRO
Ana Gaitero León 09.02.25
El viejo dicho de ‘reunión de pastores, oveja muerta’ se transformó en todo lo contrario este viernes en Veguellina.
En la biblioteca Río Órbigo las merinas estuvieron muy vivas. La presentación del libro ‘Merinas. La industria de la lana’ (Rimpego) de Manuel Rodríguez Pascual concitó a la cátedra del pastoreo de León, una veintena de merineros y merineras que hacen o hicieron la trasterminancia entre las riberas y páramos, donde pasan el otoño-invierno, y los puertos de la montaña, sobre todo Babia y Luna, a donde suben andando con sus rebaños en primavera-verano.
Rodríguez Pascual, ingeniero agrónomo y doctor en Veterinaria, además de pastor mayor de los Montes de Luna, recorrió la historia de las merinas y puso luces sobre un futuro que se presenta difícil e incierto, pero no imposible. «León tenía los mejores pastos y en Burgos fueron emprendedores», recalcó el sabio de la trashumancia. Durante más de seis siglos, bajo el cobijo de la Mesta, las ovejas fueron la principal riqueza de España. Su lana marcaba el precio internacional y entraba en Brujas a través de los canales.
Las coronas europeas ansiaban tener rebaños de merinas y lo lograron a través de regalos de los borbones. A Jorge III de Inglaterra le regaló Carlos IV un lote de Negrete, cuyos rebaños pastaban en Riaño y merinas leonesas de esta cabaña y de El Paular salieron por el puerto de Gijón.
La guerra de la independencia puso el punto final al monopolio y las merinas fueron el botín, cuando ya los primeros rebaños pastando en Australia y Nueva Zelanda. Inglaterra codiciaba la lana para su revolución industrial y la conseguiría en abundancia de estas colonias, penales en su origen. Cuadros y obras suntuarias dan cuenta de la importancia de las merinas en Europa, en España y en las Antípodas. Tanto que emplearon a fondo en mejorar su genética para obtener lanas más finas y de mayor largo. España «abandonó la selección del merino» y a la industria de la lana, que implicaba a 38 oficios, ha quedado desmembrada. «Hay que ir a certificar la calidad a Gales».
«Se puede mejorar la lana en unos cuantos años», recalcó con los buenos resultados del ganadero leonés afincado en Extremadura, Argimiro Rodríguez. Y recordó que un Sipam y cinco reservas de la Biosfera en León le deben todo a la trashumancia.
El reconocimiento de los pastores trasterminantes leoneses, los últimos eslabones de la trashumancia si no se ponen los medios, a Manuel Rodríguez Pascual se hizo sobre mesa y mantel en El Soportal de Veguellina. Con cordero aliñado con muchas historias que no se pueden perder.
Se habló de las ovejas blancas que venían a pastar al Órbigo desde Valladolid, de los pastores que ponían una manta para que el rebaño no dejara huella al entrar en una tierra, de los cántaros de vino que les ofrecían a los trashumantes para que las ovejas entraran en su finca para abonarla o de las fases de la Luna en las que es propicio cortar los cuernos al carnero.
Se invocó a Jesús Calleja para que encumbre al merino con su buena fama. Haría un buen duo con Manuel R. Pascual, ambos con raíces en Fresno de la Vega, y contribuiría a salvar un oficio en peligro de extinción.
Rodríguez Pascual subrayó que el Sipam o las cinco reservas de la Biosfera reconocidas en León le deben mucho a la trashumancia






