Un vestido de baile amarillo y cien joyas de la ‘Belle Époque’ que vistieron a la burguesía del Bierzo
Adquiridas en 2009 a un anticuario de Cacabelos, ya han formado parte de dos exposiciones en Gijón

Un vestido de baile amarillo, de manga corta y cintura estrecha, de escote generoso y con una base de seda y un tejido semitransparente por encima, la espalda cerrada con corchetes metálicos y pequeños fragmentos de algodón bajo las axilas para recoger el sudor. Un traje de cristianar en seda de color marfil, faldón, capillo y gorro. Seis sombreros, algunos tan curiosos como el que luce una pluma sobre una copa ovalada con estructura de metal, un tejido de tul negro, y una puntilla de encaje entrelazada con flores de seda. Un par de zapatos de baile, dos botines de señora, dos corsés, blusas, camisas, seis pares de guantes, otro vestido de paseo. Y hasta cuatro sombrillas. Es el tesoro de la moda de los años de la Belle Époque que lució la burguesía berciana hace un siglo y medio y que custodia el Museo del Pueblo de Asturias (Muséu del Pueblu de d’ Asturies) en Gijón.
Adquirida la colección de vestidos, trajes, zapatos, sombreros, blusas y hasta 26 cortinas y visillos de gasa, de encaje, de hilo bordado, de tul, de tafetán de algodón, incluso un baúl de viaje en madera de pino y piel de cabra, a un anticuario de Cacabelos en 2009, el museo asturiano los exhibe en sus instalaciones para mostrar a los curiosos cómo vivía la gente pudiente a los dos lados de la cordillera cantábrica. Al mediar un anticuario, los orígenes de las piezas pueden ser muy diversos, explican en el museo asturiano, aunque se puede aventurar que las clases más adineradas de lugares como Villafranca del Bierzo o Ponferrada usaron esos vestidos y complementos, fechados en el periodo que desde 1880 y 1915.
Los vestidos y trajes ya formaron parte de la exposición ‘Desfilando la moda: indumentaria femenina en la colección del Muséu del Pueblu d’ Asturies , 1875-1975’ y de otra muestra que Elena Pérez Morán tituló ‘Para quitarse el sombrero: un siglo de tocados en las colecciones del Muséu del Pueblu d’ Asturies, 1875-1975’. Entre esos tocados destacan los procedentes de Cacabelos; el tipo casquete con la copa ovalada y el tul negro; o el de niña en seda de color marfil, copa circular y ala corta adornado con volantes de organdí tableados y lazos; o el de terciopelo de seda morado y crudo, fruncido de forma irregular, forrado de tejido de tafetán y lazada.
Vestidos de gala y vestidos de paseo, como el de dos piezas en tejido labrado de telar Jacquard que lleva aplicaciones de encaje a la aguja e hilo metálico y una silueta en forma de S propia de la época, falda larga, una ligera cola y un gran volante. Estos ‘trajes-sastre’, cómodos y elegantes, explica la ficha, acabaron por ser adoptados por «todas las clases sociales» en lo que hoy se puede ver como «la primera señal de la democratización de la moda».
Pero el que más luce, el que más deslumbra, sigue siendo el vestido de baile amarillo ya llamó la atención al diseñador Lorenzo Caprile cuando visitó el museo hace unos años. No estaba al alcance de cualquier bolsillo una prenda que conserva la etiqueta de las galerías Villa de París, un establecimiento que abrió sus puertas en el año 1900 en La Coruña y que funcionó hasta que en 1908 el negocio cerró para reconvertir el edificio en el primer cine estable de Galicia, el Salón París, según explica la ficha del vestido. Un cine que también cerraría en 1999, convertido en el más antiguo de España para volver a sus orígenes: Inditex, el grupo de moda de Amancio Ortega que popularizó la firma Zara, tiene ahora una tienda de ropa.





















